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Archivo para Diciembre 2008

Bernard Madoff, el estafador de Wall Street, da un poderoso golpe de mano a favor de la justicia social

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por James Petras*   voltairenet.org

Bernard «Bernie» Madoff, corredor de bolsa de Wall Street, antiguo presidente del NASDAQ y venerado inversionista, ha confesado su autoría en el mayor fraude de la historia, un chanchullo de 50 mil millones de dólares. Bernie era conocido por su generosa filantropía, especialmente a favor de las causas sionistas, judías e israelíes.

«Nunca creímos que nos haría esto, era uno de los nuestros»
Un miembro del Palm Beach Country Club.

 

Una introducción a la superestafa

Este personaje, que durante los años sesenta había sido socorrista playero, inició su andadura en las finanzas reuniendo ahorros de colegas, amigos y familiares en el entorno de los judíos más ricos de los suburbios de Long Island, Palm Beach, Florida y Manhattan, bajo la promesa de un rendimiento moderado, continuo y seguro de entre el 10% y el 12%. Madoff cubría cualquier posible retirada de fondos según el denominado «método de Ponzi» o estafa piramidal, es decir, echando mano del dinero de nuevos inversores, quienes literalmente le suplicaban que los desplumase.

Llegó a gestionar en persona un mínimo de 17 mil millones de dólares. Durante casi cuatro décadas se creó una clientela que incluía a algunos de los bancos y compañías inversoras más importantes de Escocia, España, Inglaterra y Francia, así como los principales fondos de inversión libre de Usamérica. Se hizo con casi todos los fondos de activos netos de prósperos clientes privados, que obtenía a través de corredores de bolsa pagados a comisión.

Su clientela incluía a muchos multimillonarios de Suiza, Israel y otros países, así como los fondos de activos netos más importantes de Usamérica (RMF Division of the Man Group and the Tremont). Muchos de los riquísimos estafados habían prácticamente «forzado» a Madoff a tomar su dinero, ya que éste imponía rigurosas condiciones a los clientes potenciales: insistía en que viniesen recomendados por miembros de su clientela, que depositasen cantidades sustanciales y que le garantizasen su solvencia.

La mayoría se consideraban afortunados cuando sus fondos pasaban a las arcas del respetado… estafador de Wall Street. El mensaje de Madoff era siempre el mismo: su fondo de inversión estaba cerrado… pero como venían recomendados por gente del mismo entorno (miembros del consejo de administración de organizaciones benéficas judías, recaudadores de fondos para Israel, country clubs de alta clase, etc.) o eran amigos de un amigo, de un colega o un cliente, aceptaría el dinero.

Madoff estableció consejos consultivos con miembros distinguidos, contribuyó enormemente a museos, hospitales y selectas organizaciones culturales. Era un miembro prominente de exclusivos country clubs de Palm Beach y Long Island. Su reputación se vio realzada por los resultados de sus fondos, que jamás declararon pérdida alguna, lo cual es un argumento fundamental para atraer a inversionistas millonarios.

Compartía con su acaudalada clientela de judíos y gentiles un estilo de vida aristocrático, con una mezcla de filantropía cultural y discreta especulación financiera. «Engatusaba» a sus colegas con una suave pero autoritaria apariencia de “maestría”, recubierta de un barniz de colegialidad entre ricachones, de una profunda implicación con el sionismo y de amistades de toda la vida.

El megafondo de Bernie compartía muchas características con los recientes chanchullos financieros: un rendimiento elevado y constante, inigualado por cualquier otro corredor de bolsa; ausencia de supervisión por parte de terceros; una compañía de contabilidad en la sombra físicamente incapaz de auditar sus multimillonarias operaciones financieras; un control personal de las operaciones de correduría de bolsa comerciante y una confusión absoluta en lo relativo a sus inversiones.

Los ricos y famosos, los inversionistas más sofisticados, los consultantes de elevado salario, los máster en administración financiera de Harvard y todo el ejército de reguladores de la US Security and Exchange Commission (SEC) pasaban por alto las similitudes de Madoff con otros defraudadores, y ello porque estaban totalmente implicados en la cultura corrupta del «agarra el dinero y vete pitando» y del «si sacas tajada no hagas preguntas». La reputación de suprema sabiduría que aureola a un supuestamente próspero judío de Wall Street alimentó el autoengaño y los estereotipos de gentiles multimillonarios.

La gran estafa

El fondo de inversión de Madoff sólo operaba con una clientela limitada de multimillonarios que mantenían en él su dinero a largo plazo; las ocasionales retiradas de fondos eran de poco monto y fácilmente cubiertas por medio de peticiones de más inversión a nuevos inversionistas deseosos de acceder al fondo de Madoff. Los grandes inversionistas a largo plazo mantenían sus capitales para dejarlos en herencia a sus herederos o para su jubilación.

Los ricos abogados, dentistas, cirujanos, profesores distinguidos de las mejores universidades y otros que en algún momento hubiesen necesitado retirar algo de sus fondos para una boda ocasional de altos vuelos o para la ceremonia de madurez adolescente judía (bar mitzvah) de alguno de sus hijos con invitados famosos podían hacerlo, porque Madoff no tenía problemas a la hora de recaudar más fondos entre los ricos propietarios de fábricas de confección de ropa, cuyos asalariados cobran jornales de miseria, de peligrosos empacadores de carne y de siniestros señores barriobajeros.

Madoff no era ningún Robin Hood, sus contribuciones a organizaciones filantrópicas y benéficas le facilitaban el acceso a los ricachones que formaban parte de los consejos de administración de las instituciones receptoras y probaban que él era “uno de ellos”, una especie de compañero íntimo de la misma clase elitista.

La sorpresa, el pavor y los ataques cardíacos que han seguido a la confesión de Madoff de que su negocio era una estafa piramidal han provocado tanta rabia por el dinero perdido y el descalabro de la clase pudiente como por la vergüenza de saber que los mayores y más perspicaces estafadores mundiales de Wall Street habían sido estafados por uno de los suyos.

No solamente han sufrido grandes pérdidas, sino que la imagen que tenían de sí mismos como ricos que lo eran por su inteligencia y su «linaje superior» ha quedado totalmente destrozada: de pronto se han visto abocados al mismo destino de los pendejos a quienes ellos estafaron, explotaron y desposeyeron en su ascensión a la cima.
No hay nada peor para el ego que un respetable estafador sea estafado por otro estafador todavía mayor. Por eso, muchos de los que más han perdido se niegan a dar sus nombres o a poner cifras a las cantidades evaporadas y tratan de recuperarlas con la ayuda de sus abogados.

El lado positivo de la megaestafa de Madoff (la mano involuntaria de la justicia)

Incluso si es comprensible que los superricos y acaudalados, que han perdido buena parte de su jubilación y de sus fondos de inversiones sean unánimes en su condena y en sus lamentaciones por el abuso de confianza de que han sido víctimas, y que los editoriales de todos los periódicos y semanarios de mayor prestigio se hayan unido al coro de críticos moralistas, las acciones de Madoff merecen muchas alabanzas, incluso si tales alabanzas no van dirigidas a su conducta fraudulenta. Vale la pena enumerar los resultados positivos involuntarios de la estafa de Madoff:

destinaba a comprar votos de congresistas y a la financiación de campañas de propaganda a favor de un ataque preventivo militar de Usamérica contra Irán. La mayoría de los inversionistas tendrán que disminuir o eliminar su compra de bonos del tesoro israelí, que subvencionan el presupuesto militar del Estado judío.

 

En primer lugar, la desaparición de más de 50 mil millones de dólares disminuirá enormemente la financiación sionista usamericana de los asentamientos coloniales israelíes en los Territorios Ocupados, disminuirá los fondos que el lobby sionista AIPAC

En segundo lugar, la estafa ha desacreditado todavía un poco más los altamente especulativos fondos de inversión libre, que ya se tambaleaban a causa de retiradas masivas de dinero para enjugar grandes pérdidas. Los fondos de Madoff estaban entre los más respetados y seguían atrayendo a nuevos inversionistas, pero las últimas revelaciones podrían acelerar su desaparición. Sus promotores tendrán por fin que dedicarse a un trabajo honrado y productivo.

En tercer lugar, el fraude a gran escala y a largo plazo de Madoff no fue detectado por la Securities and Exchange Commission (SEC), y ello a pesar de al menos dos comisiones de investigación. Eso hace que la credibilidad de la SEC esté por los suelos. Su enorme fallo demuestra la incapacidad de las agencias reguladoras capitalistas para detectar grandes fraudes. Este fracaso plantea la cuestión de si habrá alternativas a la inversión en Wall Street que protejan mejor los ahorros y los fondos de pensión.

En cuarto lugar, la larga asociación de Madoff con el NASDAQ, del que fue director mientras robaba miles de millones de sus clientes, sugiere que los miembros y los líderes de esta Bolsa de Valores son incapaces de reconocer a un sinvergüenza y están dispuestos a pasar por alto el comportamiento criminal de “uno de los suyos”. En otras palabras, el público inversionista ya no podrá nunca considerar que ocupar un cargo de dirigente del NASDAQ es un signo de probidad. A partir de Madoff habrá que buscar un colchón de matrimonio de gran tamaño para guardar con seguridad los restos de los ahorros familiares.

En quinto lugar, señalaré que los asesores de inversiones de los mayores bancos europeos, asiáticos y usamericanos que gestionaban miles de millones de fondos, actuaron sin la menor diligencia en el caso de las operaciones de Madoff. Aparte de las enormes pérdidas bancarias, decenas de miles de superricos influyentes y acaudalados han perdido toda su fortuna. El resultado es una pérdida absoluta de confianza en los bancos más importantes y en los instrumentos financieros, así como un descrédito general de la “pericia de los expertos”. Esto debilita el dominio financiero del comportamiento inversionista y propicia la desaparición de un importante sector de la parásita clase “rentista”, que se enriquece sin producir bien alguno ni proporcionar servicios necesarios.

En sexto lugar, como la mayoría del dinero robado por Madoff proviene de las clases altas de todo el mundo, su comportamiento ha reducido las desigualdades: se trata del “mayor nivelador” que ha existido jamás desde que se introdujo la imposición progresiva. Al arruinar a multimillonarios y llevarlos a la bancarrota, Madoff ha disminuido su capacidad de utilizar su fortuna para influenciar a los políticos en su favor, lo cual aumenta las posibilidades de influencia política de los sectores económicos menos agraciados de la sociedad de clases… e involuntariamente refuerza la democracia frente a los oligarcas financieros.

En séptimo lugar, al estafar a amigos de toda la vida, a inversionistas del mismo grupo étnico y religioso, a miembros de country club estrechamente seleccionados por su origen étnico e incluso a miembros de su familia, Madoff ha demostrado que el capital financiero no respeta ninguna de las devociones de la vida diaria: grandes y pequeños, sagrados y profanos, todos están subordinados a las reglas del capital.

En octavo lugar, entre los muchos inversionistas arruinados de Nueva York y New England hay un cierto número de señores barriobajeros (magnates de la construcción inmobiliaria), propietarios de fábricas de confección de ropa (fabricantes de ropa de diseño y juguetes) y otros que apenas pagaban el salario mínimo a las mujeres e inmigrantes que trabajaban para ellos, que solían expulsar de sus hogares a arrendatarios pobres y habían esquilmado las pensiones de sus empleados antes de trasladar sus empresas a China.

En otras palabras, la estafa de Madoff ha sido una especie de venganza “divina” laica por delitos pasados y presentes contra la clase trabajadora y los pobres. Ni que decir tiene que este involuntario Robin Hood no redistribuía entre sus empleados el dinero que afanaba, más bien reinvertía una parte en obras de beneficencia que incrementaban su imagen filantrópica y en recompensar a algunos de sus inversionistas iniciales para mantener en pie su fraude piramidal.

El noveno lugar, Madoff ha asestado un severo golpe a los antisemitas que proclaman que existe una “estrecha conspiración judía para defraudar a los gentiles”: ese bulo ha desaparecido para siempre. Entre las principales víctimas de Bernard Madoff están sus amigos y colegas judíos más íntimos, gente que compartió con él mesa y mantel en banquetes de Pascua judía y que frecuentaba los mismos templos de altos vuelos en Long Island y Palm Beach.

Bernie era muy selectivo a la hora de aceptar clientes, pero se basaba en su riqueza, no en su origen nacional, raza, religión o preferencia sexual. Era muy ecuménico y un firme abogado de la globalización. No hay nada etnocéntrico en Madoff: le ha robado mil millones de dólares al banco anglo-chino HSBC y varios miles de millones a la sucursal holandesa del banco belga Fortes. Mil cuatrocientos millones eran del Royal Bank of Scotland, del banco francés BNP Paribas, del español Banco de Santander, del japonés Nomura, por no mencionar los fondos de inversión libre en Londres y Usamérica, que han admitido su participación en Bernard Madoff Investment Securities. De hecho, Bernie era el emblema del estafador moderno, políticamente correcto, multicultural e internacional.

La facilidad con la cual los superricos de Europa le aflojaban sus fortunas ha provocado el siguiente comentario de un consultante financiero de Madrid: “Robar a los españoles más ricos era tan fácil como matar focas con un palo…” (Financial Times, 18 de diciembre de 2008 p. 16).

En décimo lugar, la estafa de Madoff dará lugar a una mayor autocrítica y a una actitud menos confiada hacia quienes se presenten como expertos financieros. Entre los judíos que hagan la autocrítica, a partir de ahora ya no confiarán en corredores de bolsa sólo por el hecho de que apoyan ciegamente a Israel y son generosos contribuyentes de los fondos sionistas.

Eso ha dejado de ser una garantía adecuada de comportamiento ético, equivalente a un certificado de buena conducta. De hecho, los corredores de bolsa que son propagandistas excesivamente ardorosos de Israel y que prometen rendimientos siempre altos a sus afiliados sionistas podrían levantar sospechas a partir de ahora: la pretensión de que “lo que es bueno para Israel…” puede muy bien ocultar un nuevo fraude.

En undécimo y último lugar, la desaparición del imperio de Madoff y de sus acaudaladas víctimas judías liberales afectará negativamente las contribuciones a las 52 organizaciones judías usamericanas más importantes, a numerosas fundaciones de Boston, Los Ángeles, Nueva York y otros lugares, así como al ala militarista Clinton/Schumer del Partido Demócrata (Madoff los financió a ambos, así como a otros congresistas defensores incondicionales de Israel). Puede que esto permita un mayor debate en el Congreso sobre la política en Oriente Próximo sin los habituales ataques vociferantes.

Conclusión

La estafa y el comportamiento fraudulento de Madoff no se deben a ningún problema ético personal. Son el producto de un imperativo del sistema y de la cultura económica en que se mueven las instancias más elevadas de nuestra estructura clasista. La economía de las acciones, de los fondos de inversión libre y de todos los “sofisticados instrumentos financieros” es en su totalidad un sistema piramidal que no se basa en producir y vender bienes y servicios. Se trata más bien de apuestas financieras al crecimiento futuro de un papel, una acción, que sólo representa la promesa de que futuros compradores permitan la distribución de dividendos.

El “fracaso” de la SEC es totalmente predecible y sistémico: los reguladores han sido seleccionados por los regulados, están en deuda con ellos y aplazan sus veredictos, sus auditorías y cualquier reclamación. Están estructurados para “no ver las señales” y evitar una regulación excesiva de sus superiores financieros. Madoff funcionaba en un medio como el de Wall Street, que permite cualquier cosa, donde la impunidad de los megarrescates financieros y las megaestafas es la norma.

Como estafador individual, lo único que ha hecho es estafar a algunos de los mayores estafadores institucionales que le hacían la competencia en Wall Street. Todo este sistema de recompensas y prestigio está controlado por los más hábiles a la hora de hacer malabarismos en los libros de cuentas, de difuminar los rastros de las operaciones y de desplumar a las víctimas voluntarias que llaman a sus puertas “pidiendo” que las desplumen. ¡Un hombre de bien, eso es Madoff!

En cuestión de días, un solo individuo, Bernard Madoff, le ha asestado un golpe mucho mayor al capital financiero global, a Wall Street y al lobby sionista usamericano del “Israel en primer lugar” que toda la izquierda de Usamérica y Europa juntas durante los últimos cincuenta años. Ha logrado reducir más las enormes desigualdades económicas en Nueva York que todos los gobernadores y alcaldes demócratas y republicanos, blancos, negros, cristianos y judíos, reformistas y ortodoxos durante los últimos dos siglos…

Algunos teóricos derechistas de la conspiración están diciendo que Bernie es un agente secreto islámico-palestino (de Hamás) enviado para socavar deliberadamente los cimientos financieros del Estado judío de Israel y de sus patrocinadores y fundaciones más generosos, acaudalados y poderosos. Otros dicen que es un marxista aún no salido del armario, cuyas estafas estaban cuidadosamente diseñadas para desacreditar a Wall Street y canalizar miles de millones hacía organizaciones radicales clandestinas.

Al fin y al cabo, ¿sabe alguien dónde están los miles de millones desaparecidos? Contrariamente a los expertos de la izquierda, a los blogueros y manifestantes, cuyas fervorosas y públicas actividades no afectaban en absoluto a los ricos y poderosos, Madoff ha asestado sus golpes donde más les duele: en sus megacuentas bancarias, en su confianza en el sistema capitalista, en su autoestima y, sí, también en su pobrecito corazón, que ahora está al borde del infarto.

¿Quiere esto decir que nosotros, en la izquierda, deberíamos crear un Comité de Defensa de Bernie Madoff y exigir un rescate parecido al del secretario del tesoro Henry Paulsen, que acaba de salvar a sus amigotes del Citibank? ¿Deberíamos pedir “rescates iguales para estafadores iguales”? ¿Deberíamos propiciar su partida (o su derecho al retorno) a Israel para evitar que lo juzguen? Ha causado tantas víctimas judías que le sería difícil retirarse en Israel.

No hay razón alguna para hacer barricadas por Bernard Madoff. Basta con que reconozcamos que ha prestado un servicio histórico involuntario a la justicia popular al quebrantar algunos de los pilares financieros de un injusto sistema de clases.

Post scriptum

¿Se debe a pura y simple admiración o será a causa de vínculos ocultos con Madoff que Michael Mukasey, el actual fiscal general, se haya abstenido de la investigación? Otros de igual importancia e influencia están seguramente vinculados al caso Madoff, no sólo las “víctimas”. Nos estamos enfrentando a un caso muy serio de razones de Estado… Nadie puede creer que una sola persona pueda por sí sola hacer una estafa de este calibre y duración. Y tampoco ningún investigador serio se cree que 50 mil millones de dólares hayan podido simplemente “desaparecer” o ser transferidos a cuentas bancarias personales.

 

Escrito por vadecrisis

Diciembre 26, 2008 a 6:06 pm

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L’inéluctable riposte indienne

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Le colonel Jean-Louis Dufour est officier de carrière dans l’Armée française, ex-attaché militaire au Liban, chef de corps du 1er Régiment d’infanterie de marine. Il a aussi poursuivi des activités de recherche: études de crises internationales, rédacteur en chef de la revue Défense… et auteur de livres de référence sur le sujet, dont «La guerre au XXe siècle» (Hachette 2003), «Les crises internationales, de Pékin à Bagdad» (Editions Complexe, 2004)

La crise internationale amorcée par l’attaque de Bombay, le 26 novembre, est singulière. Tout évènement de ce genre suit d’ordinaire un schéma précis dont les phases, de durées variables, suivent un ordre quasi immuable et logique: précrise, rupture, escalade, détente ou… guerre(1). Entre l’Inde et le Pakistan, la phase d’escalade semble escamotée. La réaction de New Delhi paraît très modérée, le Pakistan ayant reconnu très vite la participation de cadres subalternes de ses Services (Inter Services Intelligence ou ISI) à l’action menée par les militants de l’organisation cachemirie Lakhdar-e-Taiba. Dans chacun des deux pays, rien de spectaculaire n’intervient, guère de bruit de bottes, pas de mouvement de troupes, aucune mobilisation. Tout juste les Indiens ont-ils renforcé la surveillance de leurs aéroports et mis leur armée de l’air en alerte après avoir intercepté le 5 décembre divers signaux indiquant de possibles détournements d’avions liés à des attaques suicide.
Normalement, tout pays agressé par des terroristes venus de l’étranger réagit sans tarder. La riposte ne doit pas intervenir des semaines, voire des mois, après l’offense. On ne gronde pas un enfant des heures après la faute commise. C’est un peu la même chose s’agissant de représailles antiterroristes.
Pourtant l’Inde ne saurait se dispenser de frapper. Pour deux raisons: la situation électorale du gouvernement Singh est catastrophique, le Pakistan semble politiquement hors d’état de mettre hors d’état de nuire ses Islamistes et plus encore les membres de l’ISI, coupables pourtant d’une forfaiture.
La question n’est donc pas de savoir si l’Inde va employer la force mais comment elle va le faire. Les options militaires ne sont pas légion. L’Inde doit imaginer une frappe puissante, spectaculaire et à peu près instantanée. La confrontation pourrait être terrestre, aérienne, voire navale, sous la forme d’un blocus.
New Delhi ne veut certainement pas d’une guerre de grande envergure contre le Pakistan. L’Inde ne souhaite ni la décomposition de son voisin, ni l’effondrement d’un gouvernement pakistanais plutôt modéré et avec lequel les mesures de confiance étaient en train de prendre leur essor. Les Indiens doivent veiller à ne pas entraîner une réaction trop massive du Pakistan. Celui-ci laisse les Américains viser quelques objectifs situés dans les zones tribales à l’ouest du Pakistan sans trop se formaliser. L’état-major indien peut être tenté d’en faire autant à l’est, au Cachemire, surtout s’il reçoit du Pentagone les informations précises nécessaires. Bien connaître son adversaire est évidemment essentiel. Or l’Inde ne dispose pas d’outils évolués d’acquisition du renseignement. Les images satellites lui font grandement défaut pour assurer un suivi quotidien de la situation prévalant au Cachemire. Les militaires indiens ne possèdent ni drones, ni Predator, ces engins sans pilote télécommandés capables d’attaquer et de détruire un objectif. L’hiver, enfin, est imminent, et ce n’est surement pas un hasard si les auteurs des tueries de Bombay ont œuvré à la fin de l’automne. La saison se prête fort mal à des opérations offensives menée sur un terrain caractérisé par des altitudes souvent supérieures à 5.000 mètres. Lors de la guerre dite du Kargil, les Pakistanais avaient profité des grands froids pour occuper des positions évacuées chaque hiver par les troupes indiennes. Celles-ci, au printemps 1999, s’étaient lancées à la reconquête du terrain perdu. Rudes, les combats étaient néanmoins demeurés limités.
Aujourd’hui, trois possibilités s’offrent aux stratèges indiens. La première est à dominante terrestre. Des actions d’infanterie appuyée par l’artillerie, et par l’aviation si le temps le permet, sont envisageables pour aller au contact des groupes islamistes pakistanais. L’armée indienne est entraînée pour ce type de combat en terrain montagneux contre des irréguliers. Des troupes à pied constituent le moyen le mieux adapté au milieu considéré. Un tel mode d’action risque pourtant d’être laborieux et les affrontements durer longtemps. Le succès n’est pas garanti compte tenu des fortifications installées de longue date par les Pakistanais, dans un terrain très propice à la défensive. Des opérations de forces spéciales mieux adaptées à une infiltration entre des positions pakistanaises trop fortes pour être attaquées de front pourraient aussi faire l’affaire. Le but serait la destruction d’installations et de cantonnements utilisés par les paramilitaires cachemiris. Il y faut des informations très précises, une logistique appropriée et des délais suffisants pour bien préparer l’entreprise. Toutefois, l’armée indienne a peu de forces spéciales et n’a pas l’habitude des coups de commandos, un mode d’action jamais encore employé pendant soixante ans de confrontation, directe ou non, entre les deux pays. New Delhi peut aussi vouloir privilégier l’artillerie, aux tirs si souvent déclenchés de part et d’autre de la ligne de contrôle, la LOC définie en 1972. Les derniers échanges d’artillerie sérieux ont eu lieu en 2003. Ils permettent de bombarder l’autre camp sans y mettre le pied. La portée maximum est de 40 kilomètres en utilisant les LRM, ces lance-roquettes multiples russes BM 30 dont est dotée l’armée indienne. Mais il lui faudrait soigneusement choisir ses objectifs et disposer d’observateurs bien placés pour régler les tirs.
La deuxième possibilité est l’emploi de la troisième dimension, autant dire l’armée de l’air et les missiles balistiques. Ainsi New Delhi pourrait-il frapper dans toute la profondeur du territoire adverse. Certains de ses engins bénéficient d’une précision très convenable tout en étant dotés de charges à explosifs conventionnels hautement performants. Pareille stratégie ne serait pas sans risque si elle devait être mal interprétée par les Pakistanais, tentés de voir là une attaque nucléaire. Pour s’éviter pareille méprise, l’Inde dispose de missiles de croisière supersoniques sol-sol, très récents, de type BrahMos. Ces engins n’ayant jamais encore été pratiquement utilisés, des questions se posent quant à leur efficacité opérationnelle. Et il y a les avions de combat, surtout les derniers Su-30MKI russes (Flanker selon la terminologie Otan), considérés comme les meilleurs chasseurs bombardiers du monde et qui ont fait la preuve de leurs capacités lors de récents exercices Red Flag, menés sur les champs de tir américains du Nevada. Ces appareils pénétreraient sans doute sans trop de dommage l’espace aérien pakistanais. Ils pourraient donc détruire des objectifs gouvernementaux symboliques, comme par exemple le siège de l’ISI, à l’aide de bombes guidées par laser (BGL), d’origine russe et israélienne, dont l’Inde disposerait. Cette façon d’agir entraînerait sans doute une réplique pakistanaise de même nature, avec cet avantage que l’aviation d’Islamabad est probablement moins performante que celle de son adversaire. La dernière option consiste en un blocus naval des côtes pakistanaises. L’Inde avait choisi de procéder ainsi en 1971 et y avait songé après l’attaque du Parlement de New Delhi, le 13 décembre 2001. Sa marine en est capable. La disposition d’une aviation embarquée lui permet d’appuyer au plus près ses bâtiments. L’inconvénient est qu’un blocus nuirait évidemment à l’économie pakistanaise sans spécialement atteindre les coupables cachemiris, même si les auteurs de l’attaque du 26 novembre sont venus du Pakistan par voie de mer. Toutefois, la présence à Karachi de bâtiments américains ou battant pavillon des pays membres de l’Otan serait de nature à compliquer l’opération. C’est en effet via le grand port pakistanais que le commandement US assure une grande partie du soutien logistique des unités engagées en Afghanistan.
Il va falloir encore attendre pour connaître le choix de New Delhi. Seul, semble-t-il, un bombardement précis d’un objectif majeur et symbolique pourrait ressembler à cette riposte rapidement mise en œuvre, spectaculaire et puissante qu’attend l’opinion indienne. A condition d’être économe en vies humaines et de ne pas multiplier les dommages collatéraux, la réplique de New Delhi pourrait également présenter le grand avantage de ne pas entraîner une quatrième guerre, peut-être dévastatrice celle-là, entre l’Inde et le Pakistan.

Colonel Jean-Louis Dufour

Reçu par mail

http://www.mecanopolis.org/?p=2367

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Traducido al español  por vadecrisis:

La ineludible respuesta india
El coronel Louis Dufour es funcionario de carrera en el Ejército francés, exadjunto militar al Líbano, jefe de cuerpo del 1.o Regimiento de infantería de marina. También prosiguió actividades de investigación: estudios de crisis internacionales, redactor principal del estudio Defensa… y autor de libros de referencia sobre el tema, incluida “la guerra del Siglo XX ” (Hachette 2003), “las crisis internacionales, de Pekín a Bagdad” (Ediciones Complejo, 2004)
La crisis internacional empezada por el ataque de Bombay, el 26 de noviembre, es singular. Todo acontecimiento de este tipo sigue ordinario de un esquema preciso cuyas fases, de duraciones variables, siguen un orden casi inmutable y lógico: précrise, ruptura, escalada, distensión o… guerra (1). Entre la India y Pakistán, la fase de escalada parece eludida. La reacción de Nueva Delhi parece muy moderada, Pakistán reconociendo muy rápidamente la participación de cuadros subalternos de sus Servicios (inter Servicios Inteligencia o ISI) en la acción realizada por los militantes de la organización cachemirie Lakhdar-e-Taiba. En cada uno de los dos países, nada de espectacular apenas se produce, ruido de manojos, movimiento de tropas, ninguna movilización. Justo los Indios reforzaron la vigilancia de sus aeropuertos y pusieron a su ejército del aire en alerta después de haber interceptado el 5 de diciembre distintas señales que indicaban posibles secuestros aéreos vinculados a ataques suicidio. Normalmente, cualquier país atacado por terroristas venidos del extranjero reacciona sin demora. La respuesta no debe producir de las semanas, o incluso de los meses, después de la ofensa. No se truena a un niño de las horas después de la falta cometida. Es la misma cosa un poco respecto represalias antiterroristas. Con todo la India no podría prescindir afectar. Por dos razones: la situación electoral del Gobierno Singh es catastrófica, Pakistán parece políticamente inutilizable poner inutilizable dañar su Islamistas y más aún los miembros del ISI, culpables con todo de una infracción. La cuestión no consiste pues en saber si la India va a emplear la fuerza pero cómo va a hacerlo. Las opciones militares no son legión. La India debe imaginar un mecanografiado potente, espectacular y alrededor instantáneo. La confrontación podría estar terrestre, aérea, o incluso naval, en forma de un bloqueo. Nueva Delhi no quiere ciertamente de una guerra de gran envergadura contra Pakistán. La India no desea ni la descomposición de su vecino, ni el hundimiento de un Gobierno paquistaní más bien moderado y con el cual las medidas de confianza estaban poniéndose en marcha. Los Indios deben velar no implicar una reacción demasiado masiva de Pakistán. Éste deja a los Americanos contemplar algunos objetivos situados en las zonas tribales al oeste de Pakistán sin formalizarse demasiado. El Estado Mayor indio puede ser intentado hacer lo mismo al este, a la Cachemira, sobre todo si recibe del Pentágono la información precisa necesaria. Bien conocer a su adversario es obviamente esencial. Ahora bien la India no dispone de herramientas evolucionadas de adquisición de la información. Las imágenes satélite le faltan en gran parte para garantizar un seguimiento diario de la situación que prevalece a la Cachemira. Los militares indios no poseen ni abejones, ni Predator, estas unidades sin piloto teledirigidas capaces de atacar y destruir un objetivo. El invierno, por fin, es inminente, y no es una casualidad seguramente si los autores de las matanzas de Bombay tienen obra al final del otoño. La temporada se presta muy mal a operaciones ofensivas llevada sobre un terreno caracterizado por altitudes a menudo superiores a 5.000 metros. En la guerra dicha del Kargil, los Paquistaníes habían aprovechado de los grandes fríos para ocupar posiciones evacuadas cada invierno por las tropas indias. Las, en la primavera 1999, se habían lanzado a la reconquista del terreno perdido. Duros, los combates sin embargo habían permanecido limitados.
En la actualidad, tres posibilidades se ofrecen a los estrategas indios. La primera es a dominante terrestre. Acciones de infantería apoyada por la artillería, y por la aviación si el tiempo lo permite, son posibles para ir al contacto de los grupos islamistas paquistaníes. Se implica al ejército indio para este tipo de combate en terreno montañoso contra irregulares. Tropas a pie constituyen el medio mejor adaptado al medio en cuestión. Tal método de acción corre el riesgo con todo de ser duro y las confrontaciones durar mucho tiempo. El éxito no se garantiza habida cuenta de las fortificaciones instaladas desde hace mucho tiempo por los Paquistaníes, en un terreno muy propicio a la defensiva. Operaciones de fuerzas especiales mejor adaptadas a una infiltración entran de las posiciones paquistaníes demasiado fuertes atacarse de frente podrían también hacer el asunto. El objetivo sería la destrucción de instalaciones y acantonamientos utilizados por los paramilitares cachemiris. Hay información muy precisa, una logística conveniente y de los plazos suficientes para preparar bien la empresa. No obstante, el ejército indio tiene pocas fuerzas especiales y no tiene la práctica de los golpes de comandos, un método de acción nunca aún empleado durante sesenta años de confrontación, directa o no, entre los dos países. Nueva Delhi puede también querer favorecer la artillería, a los tiros así a menudo desencadenados por una y otra parte la línea de control, el LOC definida en 1972. Los últimos intercambios de artillería serios tuvieron lugar en 2003. Permiten bombardear el otro campo hay el pie. El alcance máximo es de 40 kilómetros utilizando los LRM, estos lanzacohetes múltiples rusos BM 30 cuyo está dotado ejército indio. Pero debería elegir cuidadosamente sus objetivos y disponerse de observadores bien colocados para regular los tiros. La segunda posibilidad es el empleo de la tercera dimensión, lo mismo decir el ejército del aire y los misiles balísticos. Así Nueva Delhi podría afectar en toda la profundidad del territorio desfavorable. Algunos dado que dotóse al mismo tiempo de sus unidades se benefician de una precisión muy conveniente con cargas a explosivos convencionales altamente potentes. Similar estrategia no estaría sin riesgo si debiera ser interpretada mal por los Paquistaníes, intentados ver allí un ataque nuclear. Para evitarse similar error, la India dispone de misiles de crucero supersónicos suelo-suelo, muy recientes, de tipo BrahMos. Estas unidades prácticamente que no son utilizadas nunca aún, algunas cuestiones se plantean en cuanto a su eficacia operativa. Y hay los aviones de combate, sobre todo los últimos Su-30MKI rusos (Flanker según la terminología OTAN), considerados como los mejores cazadores bombarderos del mundo y que demostraron sus capacidades en recientes ejercicios Red Bandera, llevados sobre los ámbitos de TIR americanos de Nevada. Estos aparatos penetrarían seguramente sin demasiado daño el espacio aéreo paquistaní. Podrían pues destruir objetivos gubernamentales simbólicos, como, por ejemplo, la sede del ISI, con ayuda de bombas guiadas por láser (BGL), de origen ruso e israelí, de los que la India dispondría. Esta manera de actuar implicaría seguramente una contraparte paquistaní de la misma naturaleza, con esta ventaja que la aviación de Islamabad es probablemente menos potente que la de su adversario. La última opción consiste en un bloqueo naval de las costas paquistaníes. La India había elegido proceder así en 1971 había después del ataque del Parlamento de Nueva Delhi, el 13 de diciembre de 2001. Su marina es capaz. La disposición de una aviación embarcada le permite apoyar a lo sumo cerca sus edificios. El inconveniente es que un bloqueo perjudicaría obviamente a la economía paquistaní sin alcanzar especialmente los culpables cachemiris, aunque los autores del ataque del 26 de noviembre fueron a Pakistán vía mar. No obstante, la presencia en Karachi edificios americanos u hoja pabellón de los países miembros de la OTAN podría complicar la operación. Es en efecto mediante el gran puerto paquistaní que la orden US garantiza una gran parte del apoyo logístico de las unidades adoptadas en Afganistán. Va a ser necesario aún esperar para conocer la elección de Nueva Delhi. Sólo, parece, un bombardeo preciso de un objetivo principal y simbólico podría asemejar a esta respuesta rápidamente aplicada, espectacular y potente que espera la opinión india. A condición de ser económica en vidas humanas y no multiplicar los daños colaterales, la contraparte de Nueva Delhi podría también presentar la gran ventaja de no implicar una cuarta guerra, quizá devastadora aquélla, entre la India y Pakistán.
Coronel Louis Dufour
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Escrito por vadecrisis

Diciembre 9, 2008 a 7:39 pm

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