Archivo para Septiembre 2008
Chávez nos deja en evidencia como árabes
Abdelbari Atwan
Al-Quds Al-Arabi
Traducido del árabe por Fatim Zohra Bouaziz
La imagen del presidente venezolano Hugo Chávez delante de las televisiones mundiales, amenazando con la mano y declarando que le daba al embajador estadounidense un plazo de 72 horas para que abandonase el país, en solidaridad con su amigo el presidente de Bolivia, quien dos días antes había expulsado al embajador estadounidense por intervenir de forma flagrante en los asuntos internos de su país, me pareció una provocación.
El presidente Chávez, con su ya famosa camisa roja, no se contentó con expulsar al embajador del Estado más poderoso del mundo sino que amenazó con cortar el suministro de petróleo a Estados Unidos, reconoció la independencia de la República de Osetia del Sur y Abjasia, decidió intercambiar embajadores con ellas y recibir la visita de buques y aviones de guerra rusos.
Y digo que esta imagen me resultó una provocación porque no hemos visto a ningún líder árabe, que represente a un Estado rico o pobre, petrolífero o hidráulico, desértico o agrario, del este o del oeste, revolucionario o reaccionario, opositor o moderado, que se atreva a expulsar a un cónsul estadounidense o israelí. Chávez se beneficia de Estados Unidos y se sitúa en su entorno de poder, mientras que nosotros los árabes ofrecemos a Estados Unidos petróleo, bases militares, inversiones y grandes contratos de armamento. Salvamos su economía arruinada comprándole sus valores y nos incorporamos, con un entusiasmo sin precedentes, a su guerra contra el denominado terrorismo, que en realidad es una guerra contra los árabes y los musulmanes.
Para nosotros es difícil entender la situación de humillación y debilidad en la que vivimos hoy en día. Nuestro lugar en las ecuaciones estratégicas es ahora un cero a la izquierda. Todo el mundo nos ha situado bajo su poder mientras nosotros agachamos la cabeza, ponemos la otra mejilla y sonreímos a nuestro verdugo… Lo más peligroso de todo esto es que se nos prohíbe gritar de dolor para que no se nos considere unos extremistas temerarios.
La administración estadounidense invadió, ocupó y destruyó Iraq; violó los derechos de sus habitantes y de sus mujeres en la cárcel de Abu Graib. Ha provocado la muerte de un millón y medio de iraquíes y dejó a otros cinco millones de personas sin hogar. A pesar de esto, nos prosternamos ante EEUU, aplicamos todas sus directrices desde la condonación de deudas para ayudar al gobierno iraquí, sectario y hostil a la arabidad, hasta el envío de embajadores para normalizar las relaciones con dicho gobierno.
La economía estadounidense vacila, el paro aumenta hasta alcanzar cifras récord, la inflación se ha situado en 800.000 millones de dólares como resultado de las guerras injustas contra Iraq y Afganistán. Entonces, nuestros sensatos gobiernos árabes toman la iniciativa, antes que nadie, para recompensar a la administración estadounidense por sus guerras y su completa alineación con Israel, y deciden aumentar la producción de petróleo a dos millones de barriles para que baje de precio y salvar así la economía estadounidense. ¿Existe un grado de estupidez, resignación y masoquismo mayor que éste?
Los gobiernos árabes establecieron relaciones diplomáticas o comerciales, o ambas cosas a la vez, con el Estado hebreo, con el pretexto de animarlo a seguir adelante en el proceso de paz…y tranquilizar a su pueblo aterrorizado por unos árabes que, de todas formas, no son los árabes de hoy. Y el país que no estableció relaciones en público con Israel, corrió a participar en la conferencia de paz de Annápolis para ser un testigo falso de la reanudación de las negociaciones entre Palestina e Israel, a fin de llegar al establecimiento del Estado palestino independiente que Bush ha prometido.
Israel rechazó la mediocre iniciativa de paz árabe y ha multiplicado el número de asentamientos desde la celebración de la conferencia de Annápolis, según estadísticas de las organizaciones israelíes B’Tselem y del grupo Paz Ahora. ¿Hay algún presidente de Estado cuyos ministros de Exteriores fueran a Annápolis a protestar por estas prácticas? ¿O que expulse al embajador israelí de su capital porque su gobierno no se haya comprometido con los acuerdos firmados?
Vayamos más allá y recordemos las masacres israelíes en Gaza, el repulsivo bloqueo nazi israelí sobre la franja. ¿Ha hecho esto hervir la sangre en las venas de algún líder árabe? ¿Tomará la decisión de cerrar la embajada estadounidense en su país, o la oficina de intereses económicos? ¿Llamará a consultas, por no decir expulsar, al embajador estadounidense para protestar y manifestar así su solidaridad con sus hermanos bloqueados que pasan hambre?
Incluso los militares en nuestro país están ahora más resignados y sometidos a los mandatarios civiles. Mientras el jefe del Ejército pakistaní, Ashfaq Kayani, manifestaba su indignación por el bombardeo estadounidense de posiciones en su país cerca de la frontera con Afganistán sin haber sido consultado, y amenazaba con poner fin a la alianza militar con EEUU y a la cooperación en la guerra antiterrorista, los militares de nuestros países guardan silencio ante las prácticas sumisas de sus líderes políticos. Los millones que se han gastado en entrenar y armar a sus generales y movilizarlos en el ámbito nacional fueron en vano.
Tomemos la institución militar turca como ejemplo. Esta institución no se ha atrevido a dar un golpe de Estado contra el gobierno central en Ankara. No por temor o cobardía, teniendo en cuenta que es la protectora del laicismo de Atatürk, sino porque el gobierno nacional turco pone el interés de su país por encima de cualquier otra consideración. Se apoya en criterios democráticos, lucha contra la corrupción, y ha logrado los más altos índices de desarrollo y asentado las bases de una economía fuerte.
No reivindicamos golpes de Estado, tuvimos una mala experiencia con ellos que nos desilusionó. Las huellas de aquella época odiosa persisten todavía. No obstante, pedimos a los generales patrióticos que digan «basta» a los líderes corruptos. Les pedimos que presionen para mejorar esta repugnante situación y devolver un poco de dignidad a nuestra nación.
La gota que colmó el vaso fue ver a las fuerzas egipcias impedir a sus ciudadanos llevar alimentos y medicamentos a sus hermanos bloqueados en Gaza. No les prohibieron romper el bloqueo o destruir las barreras del punto fronterizo de Rafah, sino pasar por el canal de Suez por temor al enfado de Olmert o de Estados Unidos. Israel permitió a los barcos de valientes extranjeros llegar a Gaza con sus equipos médicos mientras que las fuerzas egipcias no permitieron a sus ciudadanos pasar por la egipcia península del Sinaí.
Veníamos diciendo hasta hace poco tiempo que la esperanza estaba en la prensa y en el despertar de la televisión por satélite, cuyas premisas hemos visto en la última década. No obstante, este despertar se ha evaporado y ha quedado en agua de borrajas tras la aprobación del documento de «honor de los medios de comunicación» por parte de la «organización» de los ministros de Comunicación árabes. Un documento que considera a cualquiera que hable de dignidad, nacionalidad, y de la negligencia de los líderes y de sus regímenes corruptos un instigador que debe ser castigado con penas de cárcel, y que se merece ocupar los primeros puestos en las listas negras. En cuanto a la emisora que le acoja, se le retirará la licencia y se le cerrará la oficina.
Un cambio terrorífico sin precedentes está empezando a manifestarse en las televisiones por satélite. Los canales por satélite corren ahora, de forma patética, a invitar a responsables israelíes. No lo hacen desde la perspectiva de plantear el otro punto de vista, sino para satisfacer a estos responsables y a su gobierno.
En el mismo contexto, los presentadores de los canales por satélite árabes solían «poner en evidencia» a los responsables israelíes con preguntas provocadoras. Nos daba pena verlos con las venas hinchadas y con las caras rojas de ira. Ahora la situación ha cambiado completamente y los responsables israelíes se atreven con los presentadores árabes de forma descarada, como si fueran los propietarios del canal que les invita, e incluso les dan lecciones de profesionalidad periodística.
Ayer vi una entrevista con Livni en el canal Al Arabiya. Me chocó cómo fue tratada por el presentador, como si fuera Mahatma Gandhi, casi susurrándole al oído y sin atreverse a interrumpirla.
Al Yazira no descubrió «la profesionalidad» de la prensa hasta la revolución del gobierno israelí en su contra por emitir la fiesta de cumpleaños de Samir Qantar. Vimos cómo «la comisión de los sensatos» de Al Yazira se reunió para emitir un comunicado en el que afirmaba que el director de su oficina en Beirut no fue profesional al asistir a dicha fiesta del cumpleaños y grabarla en directo, algo que muchos interpretaron como una disculpa de Al Yazira aunque el canal lo negara.
Israel es quien nos da ahora lecciones sobre prensa profesional, quien decide sobre lo que tenemos que publicar o no, quien decide quién es el terrorista y quién es el sensato al que hay que invitar por su «objetividad», y por apoyar, perseguir y acudir siempre al proceso de paz.
Los canales por satélite árabes insisten más en tener despachos en la ocupada ciudad de Jerusalén que en abrir nuevas oficinas en otras capitales árabes. Lo mismo pasa en el ocupado Iraq. Hemos empezado a escuchar y a ver a responsables israelíes amenazando con retirar licencias y con no colaborar con los corresponsales de dichos canales.
Es una pena que Chávez no sea árabe, y que no haya nadie como él en el mundo árabe. Tampoco hay indicios de que una personalidad como él vaya a hacerse con el bastón de mando. Somos una nación desahuciada por incapacidad. Una nación que ha perdido su respeto, su posición y su dignidad.
Fuente: http://www.alquds.co.uk/archives/2008/09/09-12/qfi.pdf
Artículo original publicado el 13 de septiembre de 2008
Sobre el autor
Cubadebate, Rebelión y Tlaxcala agradecen a Al Fanar (www.boletin.org) esta traducción desinteresada, que se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora (Fatim Zohra Bouaziz) y la fuente
La tesis del golpe militar: Pakistán se escapa del control de Washington
Sin la mano dura de Musharraf, atacado por un vacío de poder ascendente, metido en un espiral de crisis económica, y con una escalada indetenible de violencia y atentados en las grandes ciudades, Pakistán, un resorte geopolítico-militar clave en la estrategia regional de Washington y un aliado invalorable en el marco de la disputa con Rusia e Irán, comienza convertirse en un dilema difícil de resolver para los halcones de la Casa Blanca.
Informe
IAR Noticias
Si hay quien lamenta por estas horas la ausencia de Musharraf en Pakistán, éste es Washington: El antiguo aliado “contraterrorista” era el único que controlaba a la decadente partidocracia “demócrata” (pro-USA-UE) dividida y debilitada por sus luchas internas, y a la furia de la guerrilla talibán con la cual ex presidente jugaba alternativamente a la guerra y al diálogo.
Es tanta la confusión, la crisis y el vacío de poder que reina en Pakistán luego de la renuncia del “hombre fuerte”, que el nuevo presidente propuesto por la Asamblea ni siquiera tiene nombre propio: Lo llaman el “Viudo de Bhutto.
En este escenario, la Asamblea Nacional, el Senado, y las cuatro asambleas provinciales en Punjab, Baluchistán, Sind y North West Frontier deberán elegir al candidato a presidente por más del 50% de los votos.
El “viudo” de Benazir Bhutto y líder del gobernante Partido Popular (PPP), Asif Alí Zardari, un político irrelevante y sin carisma de conductor, fue escogido por las asambleas paquistaníes como nuevo presidente del país.
El “Viudo de Bhuto”, entonces, es el número puesto para suceder a Musharraf, pero su debilidad congénita (ya fue víctima de tres atentados en los últimos días) y las divisiones partidocráticas lo proyectan como una pieza más del vacío de poder y la violencia que reina en Pakistán.
Además, al vacío de poder se suma la crisis económica.
Pakistán, con 165 millones de habitantes, está en un avanzado proceso inflacionario con alza de precios de los alimentos, cortes de luz masivos, acompañados de una escalada de violencia y atentados en las grandes ciudades, con espectaculares ataques del talibán y más bombardeos en la frontera con Afganistán.
En este escenario, las usinas conservadoras de EEUU ya comienzan a barajar hipótesis de “salida militar” para retomar el control en un país que se les va de las manos.
Cuando se habla de Pakistán, se habla de Afganistán: Una frontera por donde -en la visión de Washington- se infiltra la “guerra contraterrorista” en el gigante islámico con dientes nucleares.
Para EEUU y las usinas conservadoras de EEUU, Pakistán, también en frontera con Irán, es una extensión natural del combate contra el terrorismo en Afganistán, metido en la geografía de los corredores energéticos y del conflicto en el Cáucaso.
Pero para EEUU la alianza “antiterrorista” con Pakistán también reviste una importancia estratégica prioritaria: La proyección hacia la frontera de Irán por el sur, un punto clave si EEUU decide lanzar operaciones militares contra el régimen de Teherán.
Además, el eje Afganistán-Pakistán resulta un emplazamiento clave para la proyección militar hacia Asia y China, una aliada económica de Washington, pero que hace su propio juego geopolítico militar regional de competencia con la OTAN por áreas de influencia en alianza con Rusia.
Otro punto que ilustra la importancia estratégica de la alianza con Pakistán para EEUU, es la plataforma terrestre de proyección al Indico y al vital Estrecho de Ormuz (una de las llaves del petróleo mundial) que representa la nación islámica en frontera con Irán.
En suma, un país demasiado grande y estratégico para EEUU en la región que resulta imposible -dicen las usinas conservadoras USA- dejar en manos de partidos políticos divididos y enfrentados.
La renuncia del general Pervez Musharraf, un puntal con “acreditada” experiencia en la “guerra contraterrorista” de Washington en la región, ha dejado un vacío de poder en Pakistán difícil de llenar por la corrupta y decadente partidocracia pakistaní que le sucede.
Luego del golpe de Estado “institucional” que protagonizó el año pasado, Musharraf había caído en desgracia con Washington, pero su posterior renuncia a la jefatura del ejército le permitió negociar y seguir en el poder hasta su renuncia en el mes de agosto .
La desaparición de Benazir Bhutto, muerta en un atentado en diciembre del año pasado -manejada originalmente como “alternativa democrática” frente al desgastado poder dictatorial de Musharraf- arrojó nuevas sombras e incertidumbre sobre el destino inmediato de Pakistán, un gigante islámico con poder nuclear, que juega un papel clave y un rol de equilibrio en la estrategia del poder imperial de EEUU en la región.
Según la prensa norteamericana conservadora, el vacío de poder en Pakistán es una invitación a los talibanes para que se infiltren en los resortes del poder pakistaní quebrando el equilibrio regional que antes controlaba Musharraf.
Aún para la prensa estadounidense con veleidades y orientación “demócrata” (como el caso de The New York Times) no hay ninguna duda de que la desaparición de Musharraf debilita los planes de la “guerra contraterrorista” impulsados por la Casa Blanca en Pakistán y Afganistán.
Musharraf en el poder, constituía una “figura fuerte” con amplio manejo de los servicios de inteligencia y de la intrincada red de los talibanes y del “terrorismo islámico” que tienen sus búnkeres operativos en la frontera de Pakistán con Afganistán.
Además, la renuncia del general “contraterrorista” se produce en un momento de feroz contraofensiva talibán en Afganistán donde las fuerzas de EEUU y la OTAN permanecen empantanadas y sus bajas y derrotas fisuran y agrietan cada día más a la coalición imperial liderada por Washington.
La guerra interna por el poder proyecta una crisis institucional que complica la continuidad de los planes de control militar del país, sobre todo en la peligrosa frontera con Afganistán donde los grupos talibanes han recrudecido sus operaciones tanto hacia Afganistán como hacia adentro de Pakistán.
Esto crea, a su vez, un vacío de poder en las fuerzas armadas y en los servicios de seguridad donde sus oficiales, mayoritariamente, siguen una marcada línea de fidelidad a Musharraf quien los privilegió económicamente con los cuantiosos fondos otorgados por Washington como “ayuda” para la guerra contra el “terrorismo”.
Este cuadro de descomposición y decadencia del poder, a su vez motiva la hipótesis (entre analistas de EEUU) de una posible salida militar del conflicto (muy al estilo de Pakistán) por medio de la cual Washington podría intentar restablecer el control en una zona de alta importancia estratégica para su dominio en la región.
Pakistán, un aliado estratégico clave de EEUU, es un país en crisis y en “guerra permanente”, y en este escenario -afirman las usinas conservadoras- resulta suicida dejar el país en manos de políticos débiles y divididos.
Es la tesis del golpe militar.
http://www.iarnoticias.com/2008/secciones/asia/0033_pak_golpe_militar_06sept08.html
